Lodos y calefacciónLodos en circuitos cerrados: por qué aparecen y cómo se eliminan
El agua de un circuito cerrado no se renueva, así que no tiene un problema de cal: tiene un problema de corrosión. Explicamos de dónde sale la magnetita, por qué el suelo radiante es el caso más delicado, cuánta energía se pierde y qué hacen realmente las cuatro soluciones que existen hoy.

En un circuito cerrado de calefacción o climatización el agua no se renueva. Eso significa que el calcio que traía precipitó una vez, al principio, y ahí se acabó el asunto de la cal. El problema de un circuito cerrado es otro y es progresivo: la corrosión interna genera lodos, una mezcla de óxido de hierro, partículas metálicas y biofilm que se deposita en los puntos bajos, tapiza los intercambiadores y acaba comportándose como un aislante térmico.
Es un problema silencioso. No hay una avería que lo anuncie: hay un radiador que calienta peor que el año pasado, una caldera que arranca más veces y una factura que sube sin que nadie sepa muy bien por qué.
Qué es exactamente el lodo de un circuito
El lodo negro que sale por la purga de un radiador es sobre todo magnetita, el óxido de hierro que se forma cuando el acero del circuito se corroe en presencia de agua y oxígeno. A esa base se le suman otros componentes que explican por qué el depósito es tan heterogéneo:
- Óxidos de hierro, procedentes de radiadores de acero, tuberías de acero negro y cuerpos de bomba.
- Partículas de cobre y de aluminio, arrancadas por corrosión galvánica donde conviven metales distintos.
- Biofilm bacteriano, que prolifera especialmente en circuitos que trabajan a baja temperatura.
- Restos de montaje: virutas, restos de decapante, fibras de estopa y suciedad que quedó dentro el día de la obra.
- Carbonato residual, el poco que precipitó del agua de llenado inicial.
De dónde sale el oxígeno, si el circuito está cerrado
Es la pregunta correcta, porque un circuito verdaderamente estanco se corroe una vez y se estabiliza. Si el lodo sigue generándose año tras año es porque entra oxígeno, y solo hay unas cuantas vías posibles:
- Reposiciones de agua frecuentes. Cada llenado introduce agua nueva cargada de oxígeno disuelto. Un circuito que hay que rellenar a menudo tiene una fuga, y esa fuga es la que alimenta la corrosión.
- Tuberías sin barrera antioxígeno. Algunos plásticos son permeables al oxígeno atmosférico. En suelo radiante es un clásico de instalaciones antiguas.
- Vasos de expansión mal dimensionados o descargados, que hacen entrar aire en las depresiones.
- Purgadores automáticos defectuosos, que dejan pasar aire en lugar de expulsarlo.
- Corrosión galvánica, que no necesita oxígeno externo: basta con que convivan acero, cobre y aluminio en el mismo circuito.
Los síntomas que delatan un circuito con lodos
- Radiadores fríos por la parte baja y calientes arriba. El lodo se deposita por gravedad y ocupa el fondo del elemento.
- Radiadores que no calientan al final del ramal, mientras los primeros van bien.
- Agua negra o marrón oscura al purgar, con partículas en suspensión.
- Ruidos de circulación, borboteo o golpeteo en tuberías y cuerpo de caldera.
- La caldera arranca y para constantemente, con ciclos cortos, porque no consigue disipar el calor que produce.
- Consumo al alza con el mismo uso y la misma consigna que el año anterior.
- Bomba circuladora que se bloquea o que se avería más de una vez.
- Suelo radiante con zonas templadas y reparto irregular entre circuitos.
Cuando aparecen tres o cuatro de estos síntomas a la vez, el diagnóstico rara vez falla. La prueba más simple es purgar en el punto más bajo de la instalación y mirar el agua que sale.
Lo que un circuito sucio le cuesta a la instalación
El lodo transmite el calor mucho peor que el metal sobre el que se deposita. Una capa fina en la superficie interior de un radiador o de un intercambiador basta para degradar el intercambio térmico, y la consecuencia es siempre la misma: la caldera tiene que trabajar más para entregar la misma temperatura ambiente.
| Componente | Qué le pasa | Consecuencia |
|---|---|---|
| Radiadores | El lodo tapiza el interior y ocupa el fondo | Superficie útil reducida y reparto desigual |
| Intercambiador de caldera | Se ensucia la sección de paso | Ciclos cortos, rendimiento a la baja, sobrecalentamiento |
| Bomba circuladora | Trabaja contra más resistencia y con abrasivo | Consumo mayor, desgaste y bloqueos |
| Válvulas termostáticas | Se agarrotan por sedimento | Regulación imposible, radiadores fuera de control |
| Suelo radiante | Depósito en tubos de pequeño diámetro | Caudal reducido y calor irregular |
| Circuito completo | Menos caudal, más pérdida de carga | Más consumo energético para el mismo confort |
A eso se suma el coste de las averías. Una bomba sustituida, un intercambiador desmontado y limpiado con ácido, un juego de válvulas termostáticas cambiadas: todas son intervenciones que se atribuyen al desgaste y que en realidad tienen una causa común aguas arriba.
En instalación industrial la cuenta es de otro orden. Los circuitos son mayores, el mantenimiento químico tiene un coste alto y una parada de producción por avería de circuito se mide en cifras que no admiten comparación con la del equipo que la habría evitado.
Por qué el suelo radiante es el caso más delicado
El suelo radiante reúne dos condiciones que lo hacen especialmente sensible al lodo. La primera es geométrica: los tubos son de pequeño diámetro y muy largos, así que cualquier depósito reduce el caudal de forma perceptible, hace que el reparto de calor sea irregular y, en casos graves, puede llegar a obstruir un ramal completo.
La segunda es térmica: el suelo radiante trabaja a baja temperatura, típicamente entre 30 y 45 °C, que es justo el rango que favorece la proliferación de biofilm bacteriano. Ese biofilm se suma al óxido y acelera el ensuciamiento.
Y hay una tercera razón, práctica: el suelo radiante no se desmonta. Un radiador se puede descolgar y lavar; un circuito embebido en el forjado, no. Todo lo que se pueda hacer para mantenerlo limpio desde dentro vale doble.
Las cuatro soluciones que existen y qué hace cada una
Lavado químico del circuito (desfangado)
Se vacía, se hace circular un producto desincrustante y dispersante y se aclara. Es una operación curativa y puntual: deja el circuito limpio ese día. No impide que el lodo vuelva a formarse, así que hay que repetirla.
Inhibidor de corrosión
Un producto químico que se dosifica en el agua del circuito para frenar la corrosión. Funciona mientras la concentración se mantenga, lo que obliga a controlarla y a redosificar tras cada vaciado o reposición importante.
Desfangador magnético
Un filtro instalado en el retorno que captura las partículas ferrosas que ya circulan. Retiene, pero no evita que se generen ni actúa sobre lo que está adherido a las paredes. Hay que purgarlo con regularidad.
Tratamiento físico permanente
Un equipo intercalado en el circuito que, por vórtice, efecto Venturi y ondas sonicofísicas, mantiene las partículas en estado no adherente de forma continua, con efecto curativo sobre el depósito ya existente. Sin producto, sin consumibles y sin dosificación que controlar.
Las tres primeras son complementarias entre sí y todas comparten el mismo límite: dependen de una acción recurrente. La comparación detallada entre el desfangador magnético y el tratamiento permanente está en este artículo.
El DS-i Antilodo: qué hace y dónde se instala
El DS-i es el equipo de DRAGEAU para circuito cerrado, y trabaja con la misma física que el antical: la geometría interna hace girar el fluido en vórtice, un estrechamiento tipo Venturi lo acelera y esa aceleración genera ondas sonicofísicas de baja frecuencia. Sobre las partículas en suspensión (óxido, lodo, biofilm) el efecto es mantenerlas en estado no adherente: dejan de pegarse a las paredes de las tuberías y a los componentes, quedan en suspensión en el fluido y se evacuan de forma natural por el purgador o el punto de vaciado en cada purga.
El efecto curativo funciona igual que en el antical: si ya hay lodo adherido, el equipo va fragmentando ese depósito hasta dejar el circuito limpio. No de golpe, y eso es deliberado: los depósitos se desprenden de forma gradual, en partículas finas, lo que evita que circulen fragmentos grandes capaces de obstruir un componente aguas abajo.
- Se instala en el retorno del circuito, antes de la caldera o del equipo generador.
- Conexión de rosca estándar, como cualquier accesorio de circuito.
- Tramo recto antes y después, sin codos ni válvulas inmediatamente al lado.
- No se suelda sobre el equipo: primero la tubería, se deja enfriar y luego se rosca.
- Sin consumo externo: ni electricidad, ni agua, ni consumibles. La propia energía hidráulica del circuito activa el mecanismo.
- Compatible con cualquier material: acero negro, cobre, multicapa, polipropileno.
Un instalador habituado a circuitos de calefacción lo tiene montado en menos de una hora. La gama cubre desde media pulgada, para instalaciones domésticas, hasta modelos con brida para grandes circuitos industriales y de district heating.
¿Cuánto tarda en limpiarse un circuito?
Hay que ser honesto con los plazos porque es donde más se decepciona al cliente si se le promete de más. En un circuito en estado razonable el efecto se aprecia en pocas semanas. En un circuito muy deteriorado, con años de lodo y corrosión acumulada, el proceso puede llevar varios meses.
Lo que sí conviene prever es una purga inicial después de instalar, para retirar los primeros lodos que el equipo desprende, y alguna purga puntual durante los primeros meses si el circuito llevaba mucho tiempo sin mantenimiento. No es trabajo añadido: es lo que un instalador ya hace en una revisión normal del sistema de calefacción.
Preguntas frecuentes sobre lodos y circuitos cerrados
¿Adónde va el lodo si el equipo no lo filtra?
Se mantiene en suspensión en el fluido, sin adherirse a las paredes, y se evacua por el purgador o el punto de vaciado del circuito cuando se hace una purga. No desaparece por sí solo: se le impide depositarse y se retira en la operación de purga, que es una tarea de mantenimiento habitual.
¿Funciona si mi circuito ya tiene tratamiento químico o glicol?
Sí, no hay incompatibilidad ni reacción entre ambos. La forma habitual de plantearlo es instalar el equipo y mantener el tratamiento químico durante un período de transición, mientras el circuito se limpia, y reducir después la dosis de forma progresiva hasta eliminarla.
¿Puede el equipo dañar un circuito muy sucio al limpiarlo?
No, porque el desprendimiento es gradual y controlado. Los depósitos se van soltando en partículas finas, no en placas, precisamente para evitar que circulen fragmentos capaces de obstruir una válvula o un intercambiador. En circuitos muy deteriorados se recomienda un lavado químico previo, que acorta el proceso.
¿Qué mantenimiento tiene el equipo?
Ninguno por parte del equipo: no tiene partes móviles, no consume electricidad, no lleva consumibles y no necesita revisiones. Lo que sí se recomienda es la purga inicial tras la instalación y alguna purga puntual en los primeros meses si el circuito estaba muy cargado.
¿Sirve también para circuitos de refrigeración y climatización?
Sí. Cualquier circuito cerrado tiene el mismo problema: fancoils, sistemas de climatización, circuitos de calor de proceso, torres de refrigeración y redes de district heating. La lógica del tratamiento es la misma que en calefacción.
¿Es obligatorio tratar el agua de un circuito cerrado?
La reglamentación española de instalaciones térmicas en los edificios exige prever el tratamiento del agua de los circuitos cerrados para prevenir la corrosión y las incrustaciones. La forma de cumplirlo se deja al proyectista, y ahí es donde se elige entre tratamiento químico y tratamiento físico.
Sobre este artículo
Redactado por el equipo técnico de DRAGEAU Ibérica a partir de las fichas técnicas de la gama, de los certificados de producto y de la experiencia de instalación en España, Portugal y Andorra. Los rangos y estimaciones se señalan como tales en el texto.
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