DRAGEAU Ibérica
Cal y dureza

¿Es mala para la salud el agua con cal? Lo que dice la evidencia

Beber agua dura no perjudica la salud: la dureza ni siquiera figura entre los parámetros con valor límite sanitario. Repasamos lo que dicen los organismos de referencia sobre las tres preocupaciones más habituales y señalamos el único punto que sí conviene vigilar, que no está donde la mayoría cree.

Por el equipo técnico de DRAGEAU Ibérica9 min de lectura
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Vaso de agua servido de la red doméstica

No. Beber agua con cal no es perjudicial para la salud de una persona sana. La cal del agua es carbonato cálcico, es decir, calcio y magnesio disueltos, y ninguno de los dos representa un riesgo a las concentraciones que aparecen en el agua de consumo. La dureza no figura entre los parámetros con valor límite sanitario ni en la normativa española ni en la directiva europea de aguas de consumo humano, precisamente porque no se le atribuye efecto adverso.

La Organización Mundial de la Salud ha revisado la cuestión en varias ocasiones y no ha establecido un valor guía de dureza basado en criterios de salud. Su posición es la contraria a la que suele circular: el calcio y el magnesio del agua contribuyen a la ingesta diaria de dos minerales que buena parte de la población no cubre por completo con la dieta.

Por qué la dureza no se regula como un riesgo

Los parámetros del agua de consumo se dividen en dos grupos. Están los que tienen un límite justificado por criterios de salud, como el plomo, los nitratos o el arsénico. Y están los indicadores, que se controlan porque afectan al sabor, al aspecto o al comportamiento del agua en la instalación, pero no a quien la bebe. La dureza pertenece al segundo grupo, y en la práctica ni siquiera se le asigna un valor máximo.

Dicho de otro modo: un agua de 55 °f es tan potable como una de 8 °f. Lo que cambia entre ambas no es la seguridad sanitaria, sino la vida útil de un termo y el aspecto de una mampara. Si tienes dudas sobre qué dureza tienes en casa, el artículo Dureza del agua en España explica cómo consultarla y cómo medirla.

Calcio y magnesio: cuánto aporta realmente el agua

Un agua de 35 °f contiene del orden de 350 mg de carbonato cálcico por litro, lo que se traduce en un aporte apreciable de calcio y magnesio para quien bebe entre litro y medio y dos litros al día. No sustituye a la dieta, pero tampoco es despreciable: en aguas duras puede cubrir una fracción significativa de la ingesta diaria recomendada de magnesio.

Es un matiz relevante cuando se plantea descalcificar toda la vivienda, porque retirar el calcio del agua de beber no aporta ningún beneficio de salud y elimina ese aporte.

Los tres temores más repetidos, uno por uno

¿El agua dura provoca cálculos renales?

Es la creencia más extendida y la evidencia no la respalda. Los cálculos de oxalato cálcico, que son los más frecuentes, se relacionan con el volumen de orina, con la ingesta de oxalatos, sal y proteína animal, y con factores individuales de predisposición. La revisión de la OMS no encuentra base suficiente para atribuir la litiasis renal a la dureza del agua.

De hecho, la recomendación clínica habitual para quien ha tenido cálculos es beber más agua, sin restricción sobre su dureza, porque el factor protector dominante es la dilución. Restringir el calcio de la dieta suele ser contraproducente.

¿La cal se acumula en las arterias?

No. La imagen de la tubería incrustada se traslada de forma intuitiva al cuerpo humano, pero los dos procesos no tienen nada que ver. La calcificación arterial es un fenómeno biológico complejo, ligado a la inflamación de la pared vascular y al metabolismo del calcio, no al carbonato que entra por la boca. El calcio del agua se absorbe en el intestino y se metaboliza como el de cualquier alimento.

Curiosamente, los estudios epidemiológicos que han explorado la relación entre dureza del agua y mortalidad cardiovascular apuntan en la dirección opuesta, con una posible asociación inversa. Los propios organismos que los recopilan consideran que la evidencia no basta para establecer una relación causal, así que la conclusión prudente es simplemente que el agua dura no perjudica al sistema cardiovascular.

¿El agua dura reseca la piel y estropea el pelo?

Aquí sí hay algo que explicar, aunque no tenga que ver con beberla. En agua dura el jabón reacciona con el calcio y el magnesio y forma un residuo insoluble que se deposita sobre la piel y el cabello. Esa película es la que produce la sensación de tirantez y de pelo áspero, y explica por qué en aguas duras se tiende a usar más producto del necesario.

Existen además investigaciones que exploran la relación entre la dureza del agua doméstica y la dermatitis atópica en la primera infancia. Los resultados son sugerentes y merecen seguimiento, pero no permiten hoy afirmar una relación causal. Para una piel sensible, la recomendación práctica y sin controversia es reducir la cantidad de jabón y aclarar bien, más que cambiar el agua.

El punto que sí merece atención: el sodio del agua descalcificada

La pregunta interesante no es si se puede beber agua dura, sino si se puede beber agua descalcificada con sal. Y la respuesta ahí exige un matiz, porque el descalcificador de resinas no elimina el calcio: lo intercambia por sodio.

La conversión es directa: por cada grado francés de dureza eliminado se liberan del orden de 4,6 mg/L de sodio. Con esa regla se puede calcular el resultado de cualquier instalación.

Sodio añadido según la dureza eliminada
Dureza de entradaSodio aportado si se descalcifica del todoFrente al valor de referencia de 200 mg/L
15 °funos 69 mg/LHolgadamente por debajo
25 °funos 115 mg/LPor debajo
35 °funos 161 mg/LCerca del límite
45 °funos 207 mg/LPor encima del valor de referencia
60 °funos 276 mg/LClaramente por encima

El valor paramétrico de sodio en agua de consumo humano es de 200 mg/L. Es un indicador organoléptico, no un límite toxicológico, pero marca la frontera de lo aceptable.

Por eso un descalcificador bien ajustado nunca trabaja al 100 %: se regula con una mezcla que deja dureza residual, de forma que el sodio final se mantenga bajo. Y por eso la recomendación clásica de los instaladores serios es dejar sin descalcificar el grifo de la cocina, o al menos el punto de agua de beber.

Qué cambia y qué no cambia un tratamiento físico

El tratamiento físico plantea la cuestión de otra manera. No retira el calcio, no añade sodio y no incorpora ningún producto al agua: actúa sobre la forma en que cristaliza el carbonato para que deje de adherirse a las paredes. La consecuencia práctica es que el agua que sale del grifo tiene exactamente la misma composición que la que entró.

  • Los minerales se mantienen: el calcio y el magnesio siguen en el agua y siguen contando en la dieta.
  • No se añade sodio ni ningún otro ion.
  • El pH no se modifica.
  • El sabor no cambia, porque no cambia la mineralización.
  • No hay consumibles, no hay regeneración y no hay vertido al desagüe.

Los equipos EF-i cuentan con la Attestation de Conformité Sanitaire (ACS), la certificación francesa que autoriza el empleo de un material en instalaciones de agua destinada al consumo humano, incluidos los establecimientos abiertos al público. A ella se suman la certificación TÜV SÜD alemana y la DVGW. El detalle de cada aval está en la página de certificaciones.

Dicho con precisión, y sin exagerar lo que hace el equipo: el tratamiento físico no mejora la calidad sanitaria del agua, porque no había nada que mejorar. Resuelve un problema de instalación sin tocar lo que bebes.

¿Y si lo que quiero es cambiar el sabor del agua?

Es una necesidad distinta y merece una solución distinta. El sabor a cloro se corrige con un filtro de carbón activo en el punto de consumo. Una desmineralización profunda se consigue con ósmosis inversa, que retira la mayor parte de las sales disueltas, incluidos los minerales que aportan valor nutricional, y que genera un rechazo de agua que conviene tener en cuenta.

Ninguna de las dos protege la instalación de la incrustación, porque se instalan en el punto de uso y no en la entrada general. Son complementos del tratamiento de la cal, no alternativas.

Preguntas frecuentes

¿Se puede beber agua descalcificada?

Sí, siempre que el sodio resultante se mantenga dentro de valores razonables, lo que se consigue regulando el equipo con dureza residual. Se desaconseja para preparar biberones y en dietas con restricción estricta de sodio. La práctica recomendable es dejar el grifo de la cocina sin descalcificar.

¿Un tratamiento físico cambia el sabor del agua?

No. El sabor del agua depende de su mineralización y de su contenido en cloro, y el tratamiento físico no altera ninguna de las dos cosas. La composición del agua que sale es la misma que la que entra.

¿Hervir el agua elimina la cal para poder beberla mejor?

Hervir precipita parte del carbonato, que se deposita en el fondo del recipiente. Reduce ligeramente el calcio disuelto, pero no aporta ningún beneficio sanitario porque ese calcio nunca fue un problema. La razón para hervir agua es microbiológica, no de dureza.

¿El agua dura estropea la ropa?

Sí influye, aunque por una vía indirecta. El calcio reacciona con el detergente y reduce su eficacia, y los residuos se fijan en las fibras, que pierden suavidad y color con los lavados. Es un efecto sobre el tejido y sobre el consumo de detergente, no sobre la salud.

¿Puede la cal transmitir bacterias?

La cal en sí no es un contaminante biológico, pero una superficie incrustada es rugosa y porosa, y eso favorece la fijación de biofilm en circuitos de agua caliente. Es un argumento higiénico a favor de mantener las instalaciones limpias de depósito, no un riesgo del agua que se bebe.

Sobre este artículo

Redactado por el equipo técnico de DRAGEAU Ibérica a partir de las fichas técnicas de la gama, de los certificados de producto y de la experiencia de instalación en España, Portugal y Andorra. Los rangos y estimaciones se señalan como tales en el texto.

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